Aunque no puede asimilarse la música como sonido no deseado, en ciertas circunstancias puede causar también una pérdida de audición, igual que el ruido.
Una sobre-exposición a la música puede desarrollar volúmenes sonoros que pueden alcanzar picos de 140 dB y mantener medias de más de 90 dB, perjudiciales para la salud auditiva.
La audición de los músicos puede verse seriamente afectada, en especial porque necesitan de un oído preparado, capaz de apreciar matices (volumen) y cambios de color (timbre).
Ante estos niveles perjudiciales, la música se convierte en ruido causando efectos nocivos sobre la salud (a nivel fisiológico y/o psicológico) e interfiere con las actividades habituales.

Los largos periodos de exposición a altos nivel de presión sonora durante los ensayos, clases, actuaciones y conciertos ponen a los músicos profesionales ante un riesgo de pérdida de audición.

 

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